miércoles, 26 de marzo de 2008

Reflexiones sobre las jerarquías en el trabajo

[...]Las jerarquías en las organizaciones tienen un origen racional fundamentado en la eficacia. Son necesarias en situaciones en las que no se puede perder el tiempo con debates sobre la manera de actuar[...]
La jerarquía también es inevitable en organizaciones cuya propia esencia es autoritaria como en las iglesias, pero eso creo que es otra historia. No es una fundamentación racional sino que está basada en un orden externo a la reflexión sobre la propia organización. Son doctrinalmente jerárquicas y eso les ha reportado grandes beneficios.
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Estos dos fundamentos, el de la eficacia y el del poder se han solapado y nos encontramos con una contradicción. Una organización debería primar la eficacia racional, pero una organización también es un centro de poder y la excusa de la eficacia se ha contaminado con el estatus y el poder asociado a la posición jerárquica. Mal asunto. La jerarquía tiene justificación en la eficacia, pero no se optimiza para la eficacia sino que se multiplica para repartir el poder. Así salen organigramas confusos e inexplicables en organizaciones disfuncionales, con jefes sin equipo o personas con más de un jefe. Había que repartir el poder.[...]
Hay que simplificar las jerarquías, fundamentarlas en la eficacia en lugar de en el poder, convertirlas en centros de servicio, reducir sus niveles; pero para eso hay que aceptarlas, incluso puede que haya que reforzar su poder instrumental para que puedan ser eficaces. Su desprestigio per se no hará ningún bien a la organización.
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Texto completo en Los sueños de la razón

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